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miércoles, 13 de enero de 2016

Hostel viajeros

Que animal noble la bicicleta

Piso el asfalto todavía tibio de la avenida principal con los pies descalzos. Hay olor a restaurantes y a verano. En la esquina de Palmares tocan tambores de pie. Después los vemos acercarse, marchando, como si fueran a algún lado y quisieran quedarse al mismo tiempo. Yo quiero quedarme, no sé si lo que siento es paz o cansancio, creo que es lo mismo.
El día fue largo, salimos de Maldonado a las 7am. El sol nos quemaba la ropa al mediodía y nos salvó la sombra del puente redondo. Me interesaba conocer ese puente. Es como una rotonda sobre una laguna. Ahora lo entiendo. Se trata de pasar despacio. Todo Uruguay se trata de pasar despacio.
A la noche me persiguió un perro enorme. No sé cómo hice para andar tan rápido después de haber pasado todo el día pedaleado. Supongo que si me hubiese mordido me habría dado cuenta, pero me quedó esa duda extraña. No me mordió, me salvé por muy poco, pero después no estaba tan seguro. Entonces no puedo estar seguro de nada, pienso, pero tampoco estoy seguro de eso.
La pedrera es lindo. Un poco venido a cosa top, con DJ's y esas movidas. Muchos chicos ricos y precios extraños. Extraño un poco estar solo, quiero decir, sin ver gente extraña todo el tiempo. O sin ser visto, que es peor.
No sé dónde iremos hoy. Las bicis siguen atadas a un poste. Como caballos. Estarán cansadas, supongo, o resentidas, o gastadas. No necesitan ni agua ellas. Que animal noble la bicicleta.